LO CONFIESO, ESTO ESTÁ SIENDO DIFÍCIL. PERO QUÉ DIVERTIDO.
Al empezar The Rúa Intimates comencé poniéndome objetivos muy grandes y ambiciosos. Supongo que también es una parte indispensable al empezar un proyecto: las ganas de llegar muy lejos. Lo cierto es que pensé que todo esto iba a ser más fácil.
Mantengo, y siempre mantendré, esa ilusión de crecimiento y mejora. Pero la realidad es que no solo hacen falta ideas y ganas para que todo esto funcione, también se necesita mucha constancia, paciencia y actitud positiva y resolutiva. Siempre –SIEMPRE– surgen problemas inesperados y no es nada fácil encontrar una solución o conseguir darle la vuelta para sacar algo positivo.
Conseguir resolver de manera rápida un problema cuando no se tiene la experiencia necesaria es frustrante. Hasta que se enfoca de otra manera.
Creo, desde mi pequeña y aún corta experiencia en el mundo del emprendimiento, que una parte indispensable de comenzar un proyecto es aceptar que se trata de un aprendizaje constante. Tengo 23 años y, sin apenas conocimientos de cómo funciona una marca – o una empresa en general-, me lancé a ciegas a crear la mía propia. En estos últimos 8 meses desde que empecé a planear todo, he aprendido más que en cuatro años de carrera. Y lo que me queda.
Ayer mismo una amiga – que hace varios años también decidió lanzarse y crear una marca de moda – me decía que en los siete años que ha funcionado su marca ha aprendido mucho más de lo que habría hecho en un máster. Y es verdad. El aprendizaje lo obtienes, simplemente la forma es distinta. Es a base de prueba y error, y creedme, los errores duelen mil veces más. Pero cuando sale bien experimentas la mayor satisfacción que existe en el mundo.
Si bien conocimientos tenía los justos, creatividad para resolver problemas he tenido bastante. Aunque sí que confieso que me ha sacado algún que otro enfado y/o lágrima.
Uno de los muros contra los que me he chocado -y me sigue dando algún que otro problema- desde que lancé la preventa, ha sido el contenido sexual. Y os preguntaréis “¿Qué contenido sexual?”. Pues eso: ninguno.
Resulta que varias plataformas de RRSS han penalizado parte de mis publicaciones clasificándolas como contenido sexual, ofensivo o inadecuado por que se veía el cuerpo de una mujer. Opiniones retrógradas y obsoletas a parte, no me ha quedado otra opción que replantear el contenido para poder usar herramientas tan necesarias como Facebook ADS. Y aunque al principio sí reaccioné de una manera negativa -más que nada porque me parecía una penalización injusta y sexista-, al final me ha salido bien y encima me he divertido.
Ojalá se hubiese quedado ahí. Resulta que, a pocos días de comenzar la producción en el taller, me encuentro con paquetes retenidos de manera indefinida en aduanas y retrasos de proveedores. Esto supone tener que explicar a todas las personas que han realizado sus pedidos en la preventa, que sus piezas no estarán preparadas en las fechas indicadas al principio. Esto, hasta hoy mismo que he podido resolver todo, me ha generado un estado de nervios absoluto y lo único que me salía era echarme las manos a la cabeza y preguntarme “¡¿Qué hago ahora?!”.
Pues qué voy a hacer: seguir.
Esto no es un camino de rosas, es más parecido a un campo de minas. Pero todo hay que decirlo: cada logro se saborea con tanto orgullo que te da fuerza para seguir y conseguir el siguiente. Poco a poco, sin prisa.
Mañana por fin empiezo a producir. Y eso, a día de hoy, es lo más importante.

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